Conocí a Nuberu cuando iba al colegio gracias a unos discos que heredé juntos a otros de Santana de mi tío Alfonso. Aquellos vinilos que no dejaron de sonar en aquel tocadiscos Dual eran precisamente los dos primeros de la banda, Asturies ayeri y güei (Fonomusic, 1978), y Atiendi, Asturies (Fonomusic, 1979).
Nuberu es el grupo mítico del folk rock asturiano, un emblema y un referente para los grupos de esta hornada del norte de España como los progresivos vascos Errobi o los gallegos Fuxan Os Ventos y Milladoiro. Comenzaron casi con la democracia y han seguido en la brecha hasta este año, en que lo dejan tras treinta años de buenos y malos momentos.
Escuchar los dos mejores discos de Nuberu, luego me haría con los siguientes, me impulsaron a cultivar un sentimiento de pertenencia a un colectivo distinto al gallego y al vasco, nacionalidades históricas entre las que la mía debería de figurar. Por eso, ayer en El Entrego volvieron a mi cabeza muchos recuerdos de aquellos años mozos, de los familiares perdidos y de que la lucha de Nuberu porque nuestra lengua y nuestras raíces tengan el reconocimiento que merecen y aún no ha dado sus frutos por la ineficacia de nuestros políticos.
