Que Jorge Martí haya vivido en Trondheim, tierra de vikingos y fieros navegantes del océano en la temprana Edad Media, una ciudad cercana a Oslo, la capital de Noruega, no ha sido problema para que La Habitación Roja hayan producido el mejor álbum de su carrera.
Desde allí el cantante y guitarrista ha dirigido en comandita con sus otros tres compañeros los destinos de una banda que se ha hecho grande hace bien poco. Los de L’Eliana cruzaron su particular Rubicón con Nuevos Tiempos en 2004 a las órdenes de Steve Albini, el huraño productor, guitarrista y cantante de Shellac, sí el mismo que produjo In Utero, de Nirvana, y con Cuando ya no quede nada (Mushroom Pillow, 2007) se licenciaron con honores en pop de guitarras.
Un pop de guitarras, que no power pop, que en directo se hace más claro y evidente, ya que las guitarras rugen y crepitan en cada uno de los temas como si hubieran estado mucho tiempo esperando para poder salir a la luz.
Recién estrenada su gira otoñal, La Habitación Roja han vuelto a la carretera sin la presión ni creo que el aliciente, luego me explicaré, de presentar un nuevo disco, algo que en muchos casos es un plus añadido para algunas formaciones.


Pocos saben que Jorge Martí, cantante y guitarrista de La Habitación Roja, reside en una ciudad cerca de Oslo, la capital noruega, con su compañera y su hija pequeña. Lo que era impensable para el desarrollo normal de un grupo ahora es posible gracias a internet y las compañías aéreas de bajo coste.