
A Deadlock los descubrí tarde, pero como dicen por ahí: más vale tarde que nunca. Y fue a raíz de una recomendación por parte de un amigo en Last.fm que me instó a escuchar Wolves, un disco que salió a la venta el año pasado y que es el tercero de su discografía.
Un año después vuelven con Manifesto dispuestos a seguir dando caña sin dejar de lado ciertas mezclas que en un principio resultan algo fuera de lugar, pero que en realidad han sabido integrar con bastante acierto en sus composiciones.
Podríamos decir que Deadlock es una banda cuyo gusto por las guitarras y las voces atronadoras está al mismo nivel que la simpatía que demuestran tener por la vertiente más melódica, comercial y, por qué no, transgresora del asunto.
