
Kanye West es uno de los artistas más influyentes en el panorama musical actual. Esa posición no sólo se la ha ganado a golpe de disco superventas y de un talento innegable, sino también a fuerza de intervenciones más o menos acertadas pero siempre polémicas, siempre dando que hablar y jamás quedándose callado si puede soltar una de esas frases sentenciosas que tan bien dosifica en entrevistas y comentarios.
808’s & Heartbreak, su anterior disco, no terminó de convencer a muchos y pareció más el capricho resultado de un momento de bajón personal tras una ruptura complicada y la muerte de su madre que una verdadera propuesta. Sin embargo, en su antecesor, Graduation, encontramos temazos redondos como ‘Flashing Lights’ y un planteamiento base que parecía perfecto para evolucionar en un siguiente álbum. Bien, My Beautiful Dark Twisted Fantasy es el disco que debería haber continuado esta tarea.


