Diego Amador es el menor de los hermanos Amador y creció a la sombra de sus hermanos mayores, Raimundo y Rafael, cuando estaban en Pata Negra. Ellos eran guitarristas y él pianista, a ellos lo que les iba era el blues por flamenco, a él le tiraba más el jazz pero siempre con un pellizco flamenco.
Su primer grupo fue Patita Negra, un grupo en el que homenajeaba a los autores de Guitarras callejeras, y Anticipo flamenco fue su debut en 1994 producido por el prestigioso Ricardo Pachón. Mucho ha llovido desde entonces y El Churri, apodo con él que todos le conocen, se ha convertido en uno de los nombres a tener en cuenta en el futuro.
Porque en Río de los canasteros nos encontramos de nuevo con el gran pianista que nos deslumbró en el Aire de lo puro y Piano jondo, pero también con un gran cantaor. Ese ha sido el descubrimiento de este disco, escuchar a Diego Amador cantando tangos, bulerías, alegrías, taranta, fandangos y tientos y haciéndolo como uno grande, sin muchos aspavientos, dominando el compás y con un rajo muy cálido.


Como bien dicen en las notas interiores del libreto, en el flamenco el concepto grupo no existe, hay cuadros flamencos, pero Son de la Frontera se reafirma como un grupo flamenco. Este quinteto ha logrado unir Cuba con Morón, el tres cubano que se trajo Raúl Rodríguez, hijo de Martirio, unido a la guitarra flamenca de Paco de Amparo, el baile y compás de Pepe Torres, el cante y compás de Moi de Morón y el compás de Manuel Flores. Se atreven a llevar a terrenos jondos por bulería Un compromiso y Toda una vida, se hacen grandes por alegrías y cantiñas de Pinini, funden malagueña con granaína de Cádiz, que enlazan con una malagueña grande del Mellizo, e incluso se atreven con unos tarantos y un taranto de Manuel Torre. Verdaderamente, increíble disco.