
No creo que Wild Beasts, premeditadamente, busquen ir contracorriente respecto a las tendencias musicales, ni que su intención sea que su propuesta sea singular y aislada. Simplemente, tienen una manera particular de construir su música, y muy pocos pueden alcanzar las cotas artísticas que están demostrando álbum tras álbum, en el que cada paso supera a la anterior entrega y en el que, a la vez que van depurando y empleando con mayor sutileza sus instrumentos, consiguen transmitir con más delicadeza y profundidad.
Poseen, innegablemente, la capacidad de atraernos aunque nos resulten incómodos. Su música tiene mucho de hechizo, de atracción tanto intelectual como sensual, de dramatismo inteligente, de belleza espiritual e intangible. En su teatralidad habitual, sin llegar nunca a sobreactuar, encuentran su modus operandi para extender sobre ti ese extraño magnetismo que los ubica como puentes entre la electrónica más aséptica y el post-rock más sensible, sin tener que recurrir ni a sus trucos ni a sus mimbres.









