
El codazo de Tassotti es un disco muy notable, que debería enamorar a la cada vez mayor legión de seguidores del indie patrio menos underground. En él, Deneuve han suavizado los planteamientos de El adiós salvaje, pero mantienen la misma intesidad con la que ya se hicieron notar en El amor visto desde el aire.
Este triplete les ha puesto en boca de muchos, ha conquistado los corazones de unos cuantos aficionados a la música en castellano y les ha hecho sobresalir en festivales como el Contempopránea, la única apuesta integramente nacional de este país, por lo que su éxito allí es aún más valioso.
En Hipersónica hemos querido hablar con la banda y Adolfo, su cantante, es quien nos respondió a través del correo electrónico.

El adiós salvaje me sigue pareciendo un gran disco de pop incendiado, con excesos melodramáticos que no sonaban ridículos y un concepto (el de crear canciones sobre distintas maneras de decir adiós) que funcionaba mejor de lo previsto. Deneuve abandonaban las formas acústicas de su debut (El amor visto desde el aire, con canciones tan recordables como Saint Denis 5.0) para agarrarse a una electricidad desde la que se inflamaban canciones como Kindergarten u Hostal Nuria.