
Bonito repaso le estamos dando a todas esas canciones tan preciosas que nos alegran los calurosos meses de verano en los que, indiscutiblemente, no apetece otra cosa que escucharlas a todas horas.
Cuando el calor aprieta y te entra la mala leche por cualquier tontería esto lo mejor (ni gazpachito fresco ni ostias): te pones la canción del verano y todo se arregla. Y si no la pones tú tampoco pasa nada. Ya suena sola. Suena en todos lados. Suena a todas horas. Suena quieras o no.
Al escuchar esas bellas melodías el malhumor desaparece y vemos la vida de otro color. No diré de color de rosa porque ya sería excesivo, pero todo cambia a nuestro alrededor adquiriendo un nuevo aspecto. Sí, amigos, ¿qué sería de nosotros, oh viles mortales, si, Satanás no lo quiera, nos quedáramos sin La canción del verano?
