
Hay discos con ese toque de magia: basta con que suenen un poco y ya, directamente, te ponen los pelos de punta y, en muchos casos, hasta pueden humedecerte los ojos de alegría (o de la cantidad de recuerdos que has ido depositando sobre cada uno de sus segundos de música). Ruth, el segundo disco de Nana Grizol, va por ese camino y se convierte, a las primeras de cambio, en unos de los que más voy a escuchar a lo largo de 2010.
Recuerdos, y muchos, he depositado a lo largo de mi vida sobre parte del colectivo Elephant 6. De aquel grupo de alocados amantes del fuzz, la psicodelia, el lo-fi y las voces pizpiretas han salido varios de los “grupos de mi vida”. Sobre todo, Neutral Milk Hotel, a cuyos dos discos nunca se les acaba la carne, por más que los sigamos chupando y mordiendo en busca del hueso.
