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Aprovechando que pronto tendremos la oportunidad de disfrutar de Pavement en vivo gracias al Primavera Sound 2010, creemos que es un buen momento para echar la vista atrás y, a lo largo de unos cuantos posts, repasaremos todos los discos de la banda, sus rarezas y el material extra, así como sus mejores canciones. Todo como muestra de nuestro amor (o del de varios de los editores de Hipersónica) por uno de los grupos más influyentes del indie-rock de las tres últimas décadas.
No es una frase hecha: tras Pavement, muchas de las cosas que han pasado en la música indie estadounidense hay que mirarlas bajo su prisma. Fueron, junto a otros compañeros de generación, adalides del “aquí te pillo, aquí te mato”. Hicieron de la baja fidelidad y de las canciones grabadas con prisas casi un modo de vida (aunque sin llegar al extremo de desaliño de Robert Pollard y sus Guided By Voices).
Y, en cierto modo, dieron el relevo juvenil que necesitaban los universitarios estadounidenses (o, más bien, sus college radios) a los grupos de los 80 que, o bien habían partido en busca de otros lugares (R.E.M., Replacements, Sonic Youth), o bien se habían consumido de la única manera posible en una generación visceral como fue aquella (Black Flag, Husker Dü, Big Black) o bien se habían visto forzados a no existir (Mission of Burma por enfermedad; Minutemen por la muerte de D. Boon; Beat Happening, porque su aventura tan especial tenía que acabar en el limbo, el único lugar posible para ellos).
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