
Desde el principio de su carrera discográfica hasta el final, Mark Linkous fue dictador de sus propias ideas. Se escondió detrás del nombre de un grupo, Sparklehorse, inexistente como tal, pero en realidad sus discos siempre fueron Mark Linkous y unos pocos invitados. Llegó por la puerta de atrás de una multinacional (Capitol) que le fichó para después no saber qué hacer con él. Y se fue, por desgracia, antes de lo previsto, la pasada semana, después de varios intentos de quitarse de en medio en una vida que no le resultaba nada maravillosa, pese al título de su tercer disco.
Hoy iniciamos en Hipersónica una serie de tres posts en los Víctor y yo mismo repasaremos una carrera prolífica y muy interesante, donde primero se mezcló el folk-rock con el indie noventero y después se abrazó el lujo de los arreglos y la maestría pop. Sirva como homenaje, pero también como queja: Mark, siempre nos deberás más discos.
