
Después de muchos meses, hoy ponemos fin a nuestro especial sobre Pink Floyd con el artículo dedicado a su álbum de despedida, The Division Bell. A lo largo de este tiempo hemos ido viendo cómo los discos de la formación británica se podían conectar en grupos de tres o cuatro, y también ocurre eso con este trabajo que pone cierre no solo a la discografía de la banda, sino a una terna final de lanzamientos muy inferior al talento demostrado por estos músicos.
De dicha trilogía, The Division Bell es sin duda lo mejor que podemos encontrar, justificando en cierta medida esta tormentosa etapa final de la banda que vio reflejada sus conflictos internos en la bajada del listón de sus obras. El decimocuarto disco de estudio de la banda salió a la venta en marzo de 1994, seguido de una gira de conciertos registrada en el directo Pulse que sería su definitivo final.








