
Nudozurdo afrontan con este nuevo álbum el reto de confirmar todo lo bueno que habían apuntado en Sintética: solidez, oscuridad, magnetismo, intensidad y esa voluntad de perseguir la liberación de los demonios interiores en un proceso doloroso pero exorcizante. Todo esto se conserva, y podemos confirmar que su esencia sigue intacta. Por tanto, buenas noticias: ofrecen muchas cosas de las que esperábamos.
Dan un paso adelante en la que para mí es su virtud más destacada, especialmente en sus conciertos y preferiblemente al aire libre (su capacidad innata de absorberte y embarcarte en una espiral que conduce a un estado de éxtasis, trance o clímax visceral) aparece aquí con mayor densidad, con una textura que no por sernos familiar nos resulta menos desazonadora, inquietante y amarga.


