
Puestos a buscar, no se me ocurre mejor ejemplo que Rage Against The Machine para ejemplificar el divorcio entre gran parte de la crítica y el público rock. Mientras los de Zack de La Rocha han sido amados incondicionalmente por sus seguidores e incluso apreciados por los que no eran fans, pero sí cercanos a su concepción musical del mundo, gran parte de la prensa musical ha aprovechado cada ocasión que podía para mofarse del grupo.
Después de la sorpresa del disco debut, que pilló a muchos con el pie cambiado y las defensas bajas, los críticos esperaron la llegada del segundo álbum de la banda con los cuchillos afilados. Y tiraron por lo básico: a los grupos rock siempre se les acusa de monolitismo de falta de evolución (tonto paradigma ése el que dice que los grupos han de evolucionar a lo largo de su carrera para ser buenos). Y a los grupos políticos, siempre se les echa en cara sus incoherencias.
