
Quiero creer que no era el sitio adecuado, que era un viernes de julio con muchas citas musicales a las que acudir, porque lo que se encontró Evripidis Satis en Laterraza de la Laboral fue como poco desolador. Es lo que tienen los conciertos gratuitos, que te puedes encontrar con muchos fans o que al tratarse de un terraza de copas por allí se deja caer todo tipo de público.
Pero ni con esas, Evripidis and His Tragedies, en formato one man band, tuvo que lidiar con la más fea, o lo que es lo mismo, con una audiencia de no más de treinta personas a las que el ochenta por ciento les interesaba más bien poco lo que éste ofrecía. ¿Es o no es como para deprimirse?
