
Todavía me acuerdo del día en que Freddie Mercury anunció en rueda de prensa que padecía SIDA. Era el 23 de noviembre de 1991, al día siguiente, hoy hace veinte años, moría en su casa de Londres y desaparecía una de las leyendas de la historia de la música popular, nada más ni menos que el cantante de Queen.
Mercury era hijo de la Commonwealth. Sus padre era funcionario en la Oficina Colonial británica y fue destinado a la isla de Zanzíbar, en el Oceáno Índico, donde nació un 5 de septiembre de 1946. Tras la revolución que estalló en la isla en 1964, que provocó el derrocamiento del sultán, la familia de Farrokh Bulsara, su verdadero nombre, huyo a Inglaterra donde se estableció en Feltham.



