La voz del rock. Nunca ha sido más acertado el apelativo recibido por un cantante que el otorgado a Glenn Hughes, veterano vocalista que comenzó a roquear en su Inglaterra natal a finales de los sesenta. Tengo especial predilección por Johnny Gioelli, Jörn Lande, Joe Lynn Turner y Jeff Scott Soto, quizás el más versátil de todos ellos, pero ver a Glenn Hughes en directo me impresionó de veras.
El tipo es un auténtico animal de escenario y en Gijón se ganó a la audiencia desde el primer minuto de un concierto que se esperaba más corto pero que llegó a la hora y cuarenta minutos. Fue una delicia además comprobar que la afición roquera de la región estaba allí, llenando la Sala Albéniz que hacía tiempo que no veíamos con tanta parroquia; por eso este concierto fue toda una fiesta.
Y eso que el espectáculo de Glenn Hughes tuvo todos los tics del hard rock más genuino, el de la década de los setenta, aunque, todo hay que decirlo, con un sonido fenomenal al servicio de la voz y el bajo del artista, que algunas veces tapaba incluso a la guitarra. Aunque se anunciaba un segundo guitarrista, JJ Marsh, la formación que le está acompañando en esta gira europea la formaron Luis Maldonado (guitarra), Anders Olinder (teclados) y Matt Goom (batería).


En su anteriores entregas Soul Mover y Music For The Divine había una gran componente funk pero F.U.N.K., acrónimo de First Underground Nuclear Kitchen, respira ese estilo por los cuatro costados. Glenn Hughes se ha puesto el pantalón acampanado y la camisa de flores y se descuelga como la mejor voz blanca de soul, algo que ya en su día se encargó de pronosticar el gran Stevie Wonder.