The BellRays cerraron el sábado en Oviedo su última gira española, una nueva cita de nueve fechas con sus seguidores, y pusieron un broche de oro al ciclo de Cajastur con un concierto de esos que crean parroquia. Los norteamericanos presentaban su última rodaja digital, Hard Sweet And Sticky, en la que su propuesta más rock’n’roll deja paso a los ritmos más calientes y sugerentes del soul, blues y funk.
Pero no se esperaba una actuación menos eléctrica, ni menos intensa, ni por supuesto menos visceral teniendo al frente a una diva soul-punk como Lisa Kekaula que por momentos te araña y por momentos te acaricia. Salieron a por todas, la cantante marcando cuerpo con un vestido negro de tirantes y botas rojas, señal de que iba a haber guerra en el escenario.
Y la hubo aunque ya no estuviera con ellos en este tour europeo Tony Fate, el guitarrista que abandonó el barco antes de la grabación de su última entrega. Con Bob Vennun a la guitarra, anteriormente ocupado del bajo, Craig Waters a la batería, quien por cierto salió con una pinta ridícula de corredor de jogging con cinta al pelo incluída, y el joven Justin Andres, el nuevo bajista que cumplió su papel a la perfección.

Puede que la marcha del guitarrista Tony Fate haya mermado la intensidad punk rockera de la banda de Riverside, algo que estaba en marcha en Have A Little Faith, pero lo que está claro es que The Bellrays va a satisfacer a sus seguidores con este compacto.