
Es difícil hablar de rock británico últimamente. El camino iniciado por Coldplay con Parachutes hace mucho que quedó extinguido, y grupos como Elbow o Doves están continuando en paralelo con una propuesta muchísimo más atractiva y honesta que los últimos trabajos de los de Chris Martin.
Concretamente Doves, con los hermanos Williams a la cabeza y cuatro discos a sus espaldas, se han construido un nombre con esfuerzo y talento y sin recurrir a promociones brutales ni a publicidad recurrente. Quizá por eso no hayan llegado todavía al lugar que se merecen y porten el que quizá es el peor estigma del indie, no alcanzar al gran público con lo que esto suele suponer a nivel de ventas.
Y no es por falta de medios, Kingdom of Rust, su cuarto álbum, es el perfecto transporte para rozar ese hito que todavía parece tan lejano. Es un disco absolutamente completo, coherente con la propuesta que hacen sin por ello dejar de lado influencias de otros estilos y sin pecar en ningún momento de la pretenciosidad que otros ostentan por bandera.
