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Esperanza en el horizonte. Título perfecto para este magnífico disco del sueco Martin Henrik Gustafsson. Esperanza para un músico herido, para alguien que entona “por lo menos tenemos los recuerdos”. Para alguien que canta “ahora nos decimos adiós, pero, Señor, veo que sale un nuevo sol (...) Hay esperanza en el horizonte” en la misma canción en la que ha negado varias veces al amor.
Esperanza pese a los días del pasado, pese a los besos que se echan de menos, pese al sonido de las lágrimas al caer, pese a darse cuenta en pleno verano de que las historias que nos cuentan, las de amores estivales y noches haciendo el amor en la playa, no suelen ser más que un mito fundacional del pop. Sólo eso, historias, ficciones.
La voz de Robert Smith, los momentos más folk de Elliot Smith (también dejes de su entonación) y la intensidad con la que Bright Eyes suelen vestir sus canciones se dan cita en Hope On The Horizon para dar vida a un disco conmovedor, dramático y varias veces al límite de lo excesivo, que curiosamente empieza negando, en su primera canción (la muy Arcade Fire A Quest For Fire) su propia razón de ser: “No hope on the horizon”, canta Gustafsson nada más comenzar el disco. Las doce canciones del álbum son el paseo por la tristeza que obliga al cantautor sueco a darse cuenta de que no importa cuántas veces te rompan el corazón, porque siempre habrá un nuevo amanecer.
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