
No voy a ser yo quien haga una apología del último disco publicado por U2, el nuevo sale en pocas horas, porque de eso ya se han encargado otras plumas más cualificadas o apasionadas. Quienes me conocen saben que el grupo irlandés es uno de mis favoritos, pues les sigo desde que Bono llevaba mullet.
U2 habían agotado todas sus fuerzas, y su imaginación, en la década de los noventa con unas giras mastodónticas Zoo TV, Zooropa y Pop Mart, que les convirtieron en el número 1 de las bandas de estadios, ex aequo con los Stones. Y no, no, voy a entrar en la vacía discusión de si U2 son pop o rock.
U2 se reinventaron en All That You Can’t Leave Behind (Island, 2000) y volvieron a dar una nueva vuelta de tuerca, por si alguien dudaba de ellos, en How to Dismantle an Atomic Bomb (Island, 2004). Bono de hecho comenta en el DVD, U2 and 3 Songs, que se incluye en la edición limitada en libro-disco de este álbum: “Es nuestro primer álbum de rock. Nos tomó veinte años o algo por el estilo, pero es nuestro primer álbum de rock”.
