Matt Elliott volvía a Gijón para presentar un nuevo disco, en este caso el impecable Howling Songs, publicado en España por Acuarela Discos al igual que el resto de su discografía. Se trata de su trabajo más oscuro y en el que parece que profundiza más en su interior a modo de calmante emocional.
Su concierto en la Sala Acapulco tuvo bastantes más asistentes que los que en principio hubiera esperado. El ambiente invitaba a un concierto como el de este inglés gigantón que este año llega a los treinta y cinco y que apareció en el escenario pasadas las 22:10 horas vistiendo de negro riguroso y con zapatillas de blanco inmaculado de Dolce & Gabanna.
Matt Elliott estuvo serio, tímido y muy correcto en todo momento. Ni un resquicio de sonrisa asomó de sus labios y su recital lo condensó en ochenta minutos de ese folk tan personal, en algún momento muy siciliano como de la banda sonora de El Padrino, que ya se ha quitado la capa balcánica que tenían sus Drinking Songs y sus Failing Songs.

