
En un primer momento iba a titular este post 10 discos que odian los flamencólicos, pero este palabro inventado por el genial Raimundo Amador no es de uso habitual por el común de los mortales y de ahí el título final. Integristas hay en todos los ámbitos de la vida, incluso dentro de la música, donde algunos quieren imponer su criterio a todo costa creyendo que son los únicos poseedores de la razón y la verdad.
En el flamenco, un mundo normalmente muy cerrado, hay mucho integrista, muchos mesías que empuñan la espada a la mínima para salvaguardar la pureza de un arte ancestral que no necesita salvadores. No vamos a citar nombres para no herir sensibilidades pero éstos tuercen la cabeza cada vez que se menciona la palabra flamenco para denominar una música que para ellos no lo es.
No están todos los que son en esta selección pero estos diez discos sí estarían en la lista negra de estos individuos:
1.- Cal – Son de la Frontera (Nuevos Medios, 2007).
Como bien dicen en las notas interiores del libreto, en el flamenco el concepto grupo no existe, hay cuadros flamencos, pero Son de la Frontera se reafirma como un grupo flamenco. Este quinteto ha logrado unir Cuba con Morón, el tres cubano que se trajo Raúl Rodríguez, hijo de Martirio, unido a la guitarra flamenca de Paco de Amparo, el baile y compás de Pepe Torres, el cante y compás de Moi de Morón y el compás de Manuel Flores. Se atreven a llevar a terrenos jondos por bulería Un compromiso y Toda una vida, se hacen grandes por alegrías y cantiñas de Pinini, funden malagueña con granaína de Cádiz, que enlazan con una malagueña grande del Mellizo, e incluso se atreven con unos tarantos y un taranto de Manuel Torre. Verdaderamente, increíble disco.

No hace falta presentaciones. Ni Jorge Pardo ni Agustín Carbonell, ‘El Bola’, son unos desconocidos para los seguidores del flamenco y del jazz. El primero ya había investigado la fusión con Dolores en los setenta y formó parte de la alineación de lujo que acompañó a Paco de Lucía hasta finales de los noventa.