
Todo grupo aspira a dejar su huella en la historia de la música, muchos hacen lo que sea por conseguirlo y otros en cambio se limitaron a vestir de cuero negro rodeados de modernos e intelectuales que les veían como bichos raros y a tener un gran mecenas. The Velvet Underground eran los raritos de la clase, los que (en un principio) no estaban interesados en todas las nuevas drogas de diseño que por aquel entonces aparecían en Nueva York recién llegadas desde California. The Factory para ellos no era un templo como para todos los que iban a figurar al llamado club de moda.
The Factory era la casa y templo de su mecenas, del genio del arte y del espectáculo. Andy Warhol era su precursor y quien estaba detrás de todo. No sólo desde el plano artístico le debemos la popularización y elevación del pop-art como arte a tener en cuenta, sino que sin él, The Velvet Underground no hubiesen sido lo mismo que son ahora, e incluso podrían no haber ni surgido.
Es una visión muy simplista, pero Andy Warhol podría ser uno de los personajes más influyentes en la historia de la música, sin ni siquiera tocar un instrumento en su vida. Él dio voz al conjunto de Lou Reed, él les dio soporte económico en una época donde nadie daba un duro por unos chicos que iban de negro día y noche y ni tenían estilo ni carisma para relacionarse con la gente del negocio. Warhol les impuso a Nico en su ya famoso homónimo, Warhol creó las tensiones entre Reed y Cale, y en definitiva, Warhol curtió a Lou Reed enfrentándose a su ego.

Juliette Lewis ya está en el escenario con su banda The Licks. Viene a celebrar su 34 cumpleaños y a presentar su último disco. Es su tercera visita a Euskadi y uno empieza a pensar si acaso algún promotor no estará enamorado de la actriz rockera, lo cual no es de extrañar, y entonces me doy cuanta que yo tampoco he fallado a ninguna de sus tres citas.