
Con Franz Ferdinand tengo la sensación de que estoy muy mayor. El mismo concierto que ofrecieron ayer en Bilbao, pero hace un buen puñado de años (imposible, porque no existían), hubiera provocado que hoy sintiera agujetas por todo mi cuerpo como seguramente las tendrán muchos de los veinteañeros que anoche no pararon de botar durante toda su actuación.
A mí, sin embargo, no me llegaron a emocionar. A punto estuvieron de conseguirlo en un par de ocasiones, cuando recurrieron a los grandes hits de sus dos primeros discos, pero en ningún momento experimenté ese subidón que te hace despegar del suelo.
Es culpa mía, lo sé, ellos estuvieron correctísimos y salieron a darlo todo en el escenario, arrancando fuerte con ‘Do You Want To‘ para desatar la euforia colectiva desde la primera nota del concierto.
