Nueve años sin pasar por una ciudad son muchos, demasiados si hablamos de Andrés Calamaro, cuya última actuación en Oviedo fue en 1999, en plena gira de Honestidad brutal, su segundo disco de la década de los noventa. En ese período de tiempo al argentino le pasaron muchísimas cosas, buenas, malas y regulares que quien no esté al tanto de ellas puede enterarse en la web Camisetas para todos, la biblia sobre el artista.
Allí podemos leer todas las noticias, ver fotos de todas las épocas, probar con descargas autorizadas por él, en fin, un centón de información y datos de un artista al que se le quiere. En la biografía que podemos leer en esta web leemos un titular: ‘Andrés Calamaro, una vida descolocando al personal’.
Y en verdad, Andrés Calamaro nos ha descolocado y se ha descolocado multitud de veces. En 2000 sacó El salmón, ese excesivo álbum que muy pocos entendieron, que ahí ha quedado como muestra de su genio y que acabó en las cubetas de las tiendas de discos a precio de saldo. Calamaro héroe y villano, Calamaro que se retiró de los escenarios y parecía haber desaparecido de ellos hasta que en 2004 editó El cantante y fue rescatado por el público.

