A Juanes se le ha metido siempre en un saco distinto al de los cantantes melódicos llegados de América Latina, quizás por su pasado rockero y su compromiso vital con las injusticias, atropellos y desigualdades que sufren aquellos países. Ésta ha sido una constante en cada uno de sus discos y en La vida es un ratico, además de su habitual porcentaje de canciones de amor y desamor, ha vuelto a esa temática.
Han pasado tres años desde que lanzara Mi sangre, que estuvo en listas dos años seguidos y vendió cuatro millones de copias. No sabemos que pasará con este nuevo disco pero el single de adelanto, Me enamora, ha sido el mejor testigo para comprobar que el colombiano tiene un don especial para ser comercial sin ser pegajoso.
Porque en La vida es un ratico Juanes repite esa fórmula que también le funcionó en el pasado, es decir, mezclar rock con otros estilos, aquí con vallenato, mapalé, cumbia, trova y tango. Una mezcla que funciona incluso con los invitados Andrés Calamaro en ese alegato contra las minas antipersona que es Minas, piedras, y Campino, de Die Toten Hosen, que pasa casi desapercibido en la reinvidicativa Bandera de manos.
