
Recién llegado de la capital inglesa os conté hace unas horas en un post las razones por las que mereció la pena el viaje para asistir al concierto de The Cure en el Royal Albert Hall. Dos días después de aquello, y sin dejarme llevar por la pasión de fan, no puedo más que calificarlo como uno de los mejores conciertos jamás dados por la banda inglesa en toda su carrera.
El grupo de Robert Smith había elegido Londres como única ciudad europea en la que interpretar al completo los tres primeros discos de estudio y un escenario que ayudó a que ésta fuera una noche mágica e inolvidable para los ocho mil asistentes que agotaron las entradas en un cuarto de hora.


