
Nos fue imposible asistir a los dos primeros días del Azkena Rock, pero no quisimos perdernos la oportunidad de disfrutar de una jornada de sábado que, de antemano, traía consigo muy buenas sensaciones. Nombres claves en el rock de los últimos 20 años junto a regresos inesperados y algún que otro clásico. Es lo bueno del Azkena, que siempre trae consigo una selección de artistas que sólo en el festival vitoriano parecen casar como anillo al dedo.
Llegamos a las 16.30, justo cuando estaban a punto de empezar Sex Museum. El que los haya visto con anterioridad ya sabe lo que pasó en el escenario 2 (el supuestamente pequeño del festival): una soberbia lección de rock que en este caso, además, vino acompañado de un exceso de decibelios que acabaron con varias de nuestras frecuencias auditivas. No exagero: la organización les dejó el sonido demasiado alto y los madrileños nos desbordaron. El concierto fue magnífico, pero, cuando acabó, a todos nos pitaban los oídos y aún hoy, dos días después, los tengo taponados. Fue un exceso que Sex Museum no necesitan: ya de por sí son máquinas sobre el escenario.



