Me pregunto qué pensarían los miembros de Havalina mientras un señor de unos cincuenta y tantos bailaba sus canciones a ritmo de pasodoble o hablaba con ellos casi al oído durante su concierto. O los Reyes del K.O. o los siempre marcianos Aviador Dro, aunque para estas alturas el pobre prefirió sentarse agotado en un lateral del escenario.
Espero que llegaran a la conclusión de que el Día de La Música es una celebración popular en la que la gracia está en llegar a un público que de otro modo jamás se acercaría a verte y que más importante que cualquiera de sus conciertos es ver a una persona regalando tanta felicidad. Él fue el auténtico protagonista de la noche y a él dedico este post porque ni una espontánea cabreada, ni un segurata, ni la lluvia fueron capaces de echarle de allí, ahora que ya ha conseguido bailar su propia guerra.
