
Antes de que aparezcan los portadores de antorchas, horcas y guadañas dispuestos a condenarme a la hoguera cual hereje recalcitrante, confesaré que sí, he leído los libros, y sí, esperaba con cierto interés el estreno de Luna Nueva, la segunda entrega de la saga de Crepúsculo. Lamentablemente, el adjetivo decepcionante se queda corto para describir lo que me encontré ayer en el estreno, pero esas lides mucho más crudas se las dejo librar a mis compañeros de Blogdecine. Yo me quedo con la banda sonora, una de las cosas que más se salvan del telefilm.
Cuando se anunció el tracklist hace ya unos meses, creo que a más de uno se le quedó cara de gilipollas, con perdón. ¿Cómo una película perteneciente a la franquicia más comercial y taquillera de los últimos tiempos iba a llevar a grupos como Grizzly Bear o Bon Iver y St. Vincent como cabezas de cartel en su banda sonora? Desde luego, era de locos, y aunque la música de la primera película apostó también por una serie de grupos más independientes, en ese caso estaba más justificado por el reducido presupuesto. Algo que aquí no se aplica.
