Tengo la impresión de que Manu Chao ha sido fagocitado por ese mismo universo que él creó, hace ya diez años, con su primer disco en solitario Clandestino y que ya arrastraba desde su anterior etapa como Mano Negra. En este momento sería complicado abandonarlo e ir por otro camino, pero mientras siga sumergido en él corre el peligro que todo nos suene repetido como ocurre en su último disco La Radiolina, que por más que lo he intentado creo que no funciona.
Mientras decide por donde tira, volverá a la carga en el mes de septiembre con Baïonarena, un disco grabado en directo en la localidad francesa de Bayona, durante su gira 2008/2009. Dos horas y media de concierto que se presentará en doble CD y DVD y que recoge hasta 33 temas que resumen perfectamente todos los éxitos que ha ido recopilando en su carrera musical. Y no son pocos.




La historia de Manu Chao en solitario se resume en dos capítulos brillantísimos que fueron Próxima Estación Esperanza y Clandestino, dos genialidades propias, valga la redundancia, de un genio de la música que siempre ha ido por libre.
