
Doce campanadas nos anunciarán muy pronto que esto se ha acabado, que empezamos otro nuevo para el que cada uno de nosotros nos marcaremos, como mínimo, doce propósitos sabiendo de ante mano que esta vez tampoco los vamos a cumplir.
Doce podían ser mis discazos del año, o veinte, mejor cuarenta y así no me dejaría ninguno. Pero sólo pueden ser diez y la cosa se pone más difícil.
Me encantan las listas pero sufro cada vez que llega la hora de cerrar el grifo y pensar en todos aquellos que se quedan fuera. Bueno, tampoco es cuestión de que nos den las uvas, así que tras muchos tachones en mi libreta estos son los que se quedan. A ver si hemos oído las campanas en el mismo sitio.






Sin querer caer en el snobismo que tan frecuentemente rodea a las declaraciones a favor de Sigur Rós, no puedo callarme el hecho de que para mí esta es una banda de otro nivel. Sería incapaz de contar las veces que me he acostado oyendo el Ágætis Byrjun, y pocos discos son capaces de ponerme los pelos de punta como Takk…