
Es comprensible que Los Planetas captaran muy rápidamente la atención del incipiente público indie en 1992: el entorno era propicio para que destacaran más sus virtudes que sus defectos. Por ejemplo, al igual que sus contemporáneos, los granadinos tenían unas miras estilísticas muy cercanas y unas influencias limitadas. Sin embargo, las disimulaban mejor y apuntaban hacia territorios a los que otros no les hacían caso. Además, cuando todos cantaban guachiguá y frases en un inglés más macarrónico que otra cosa, ellos apostaban por su lengua ntal, encima con un letrista tan simple como efectivo. Y, junto a todo ello, pese a que lo quisieran vestir de ruido, Los Planetas tenían un innegable talento pop.
Eso es lo que vio Luis Calvo, jefe de Elefant, cuando decidió editarles su primer ep, Medusa. Los Planetas ya se habían hecho minoritariamente grandes en el circuito maquetero (Discogrande, en Radio 3, les nombró mejor maqueta del año), así que su debut sólo debía confirmar que las esperanzas puestas en ellos no cañian en saco roto. El primer paso fue el lógico: sacar un ep de cuatro canciones para empezar a rodar, pese a que tenían muchas más canciones compuestas que luego saldrían en Super 8, su debut largo.
