
Conseguir sacar esta crítica adelante ha sido para mí pesado como un dolor de estómago, le he puesto todo el interés del mundo y más a Cosmic Egg, intentando encontrar en él las razones que justificaran los años que me he pasado esperando el regreso de Wolfmother. Pero cuando llegas al punto en que te estás forzando a ti mismo a disfrutar de un disco que se te hace soporífero, el cual es fácil dejar de escuchar para simplemente oírlo hasta que acabe, está claro que algo falla.
Los ingredientes son los mismos que su exitoso debut (el cual recordemos que acabó segundo en nuestra lista de los mejores estrenos de la década, siendo yo uno de sus principales valedores), pero la mezcla no brilla ahora como lo hiciera en 2005. Volvemos a encontrar una apuesta por el rock añejo, evidente deudor de las bandas de referencia de los años 70, pero por más ganas que le ponga, es evidente que Andrew Stockdale no se ha bastado para tapar el hueco dejado por sus dos ex compañeros.

