
Últimos metros. Llegar al final del largo sprint del FIB implica cuerpo y mente, porque, si no, puedes acabar como el césped del recinto: verde y fresco en las primeras horas del festival y desaparecido y convertido en tierra quemada al final. Porque, en el fondo, los festivales no son lugares donde uno vaya a disfrutar. Sí, lo hacemos, pero porque contamos con que luego van a tener que pasar unos cuantos días para recuperarnos.
Y el FIB se reserva el nombre más estelar para este último día, un domingo traicionero que contiene más cosas aparte de Leonard Cohen.


