Antonio Vega es uno de esos pocos artistas que son leyenda. El personaje se ha comido a la persona. Él es el cantante de Nacha Pop y lo seguirá siendo hasta que el cuerpo aguante. Es un cantante que como algunos toreros tiene veladas gloriosas y faenas que es mejor olvidar.
Si en marzo le vimos en el mismo lugar, la Sala Acapulco del Casino de Asturias, crecido, con voz y planta, anteanoche Antonio Vega era un pálido reflejo. Pareció que sus biorritmos estaban al mínimo, con las pilas a punto de descargarse y que su cuerpo iba a ralentí.
Su cara, y su cuerpo, quebradizo, delicado, son todo un poema, pero cerrando los ojos aún podías imaginarte al cantante, y guitarrista, que fue. Sin débitos promocionales, ni canciones nuevas que ofrecer, cualquiera podría decir que en el concierto del jueves nos íbamos a encontrar lo mismo que hace meses.


