
Cuando el alma mater de un grupo decide que puede defender su proyecto el sólo, únicamente con un (majestuoso) piano y una guitarra acústica, se encuentra verdaderamente en una encrucijada. La necesidad de mantener una banda estable es necesario únicamente para grabar los discos, o para dar conciertos en su país natal, pero se da cuenta de que cuando hay que salir del país, resulta mucho más cómodo viajar uno sólo, con menos gastos, problemas de agenda y los típicos roces que pueden surgir con la convivencia. No sabemos cuál es el motivo concreto que ha motivado a enfocar sus conciertos, al menos en nuestro país, de esta manera (si circunstancias ajenas o preferencias propias), pero tenemos que estarle profundamente agradecidos. La dificultad de intentar transmitir lo mismo que las canciones grabadas con otros músicos sólo a través de un instrumento y la voz se ve compensada por la oportunidad de ofrecer en cada concierto un espectáculo distinto, genuino, y una experiencia única para el oyente.
El valor añadido, (si queréis, definidlo como plusvalía) no se basa sólo en la cercanía al artista, sino en la posibilidad de improvisar, dirigirse al público, cambiar el repertorio entre conciertos y hacer las pausas que uno considere necesarias, sin la rigidez de un concierto “tradicional”. Y si el artista en cuestión es un dandy como Neil Hannon, y además de carisma, posee ese fino sentido del humor y la conexión ¿celta? irlandesa-galaica funciona, poco más se puede pedir. Si a ello, le sumamos un repertorio repleto de pop elegante, sofisticado, exquisitamente arreglado, las posibilidades de satisfacción eran plenas.


