
Ocurre muy pocas veces, pero hay un momento mágico cuando al terminar un concierto miras las caras de los que tienes a tu alrededor y sólo encuentras miradas cómplices, embriagadas de felicidad por lo que acabamos de presenciar. El viernes todos salimos borrachos de Rock de la sala RockStar de Barakaldo.
Los New York Dolls vinieron a darnos una lección magistral de como hay que comportarse sobre un escenario de la que muchos de los que ahora empiezan deberían tomar buena nota, como en su momento hicieron tantas y tantas bandas a las que han influenciado.
Ellos se saben todos los trucos. Cada movimiento, cada pose, cada gesto hacia el público está estudiado al milímetro pero en ellos parece que surge de forma natural. Hasta el repertorio lo repiten una y otra vez porque tampoco tienen para mucho más y porque con ese derroche de energía es imposible fallar. Sabe más el diablo por viejo…


