
Mi pasión por el blues nació tras adentrarme entre las plantaciones de algodón evocadas por los grandes bluesmen de los años 20, 30 y 40: Robert Johnson, Blind Melon Jefferson, Sonny Boy Williamson... Voces llenas de sentimiento acompañadas únicamente por la guitarra y, de cuando en cuando, la armónica. Era música interpretada con las tripas al aire y una habilidad con la guitarra que difícilmente ha vuelto a igualarse, por mucho que digan los apasionados de los guitar heros.
El blues moderno también tiene su encanto, aunque prevalezca el lado lúdico por encima del emocional. La fabulosa voz de Dutch Mason es uno de sus grandes exponentes. El grupo que hoy nos ocupa viaja entre ambos extremos, entre el blues primitivo del Delta y la fusión con la energía desmelenada del r’n’r. En su haber tienen ya un buen puñado de álbumes, EP’s y proyectos paralelos. Hernando es su referencia más reciente.
El disco exuda electricidad con riffs fieles a la tradición y solos que aullan como si la esclavitud no hubiera terminado aún. La base rítmica sigue a la voz creando un resultado compacto y pegadizo. Me gusta cómo canta Luther Dickinson, con pasión y rudeza, aunque no estaría mal que le cediera el puesto al bajista Chris Chew más a menudo. Así lo hace en ‘I’d love to be a hippy’, y el resultado es excelente.
