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Es curioso que al hombre de la silla de ruedas muchos le estén alabando ahora como si fuera nuevo, que nadie haya citado Drunk como otra obra extrañísima y llena también de electricidad, que muchos cronistas piensen que Chesnutt es sólo un hombre y su guitarra, un cantautor mínimo que, por sus amistades, ha descubierto la cara oculta del rock underground.
No es así. En aquel disco de borrachos, Chesnutt ya se había asomado a nuevas formas de tratar sus canciones, lejos del formato acústico. Por ejemplo, en Naughty Fatalists, la distorsión era quien comandaba el desarrollo de la canción, puesta como colchón sonoro de la siempre dulce voz de Chesnutt. La diferencia con North Star Deserter es que ahora, cuando el chorro entra, va a primer plano. Y tiene un corte más experimental, como los punteos space rock que abren Splendid, donde Chesnutt casi se pone el traje de negro de Johnny Cash.
Para ser un disco de folk, el regreso de Chesnutt es uno de esos que hay escuchar lo más alto posible, dejar que te inunde. Así se disfrutan el triple, por ejemplo, los casi siete minutos de subidas y bajadas de Everything I Say o Debriefing, decididamente una de las canciones del año. Parte de culpa del nuevo sonido la tienen los responsables de la comuna Constellation (la casa de Godspeed You Black Emperor) y también Guy Piccioto (exFugazi o Fugazi en barbecho, como prefiráis) y Jem Cohen (responsable del gran documental Instrument, sobre los propios Fugazi).
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