
La prensa y la crítica musical se ha dedicado en los últimos meses a acusar a Christina Aguilera de tratar de imitar a Lady Gaga, quizá más que en la música, en la estética con la que ha hecho sus últimas apariciones. Sin entrar en este tipo de comparaciones de las que se suelen sacar pocas conclusiones válidas, lo cierto es que la Aguilera ha intentado subirse al carro de ese pop con toques electrónicos que tan bien se le da a la Germanotta pero sin perder ese toque con el que ya nos avisó en ‘Dirrty’.
Bionic es ya su cuarto disco de estudio, pero los cuatro años que ha dejado pasar desde aquel Back To Basics le han pasado factura. El mercado ha dado una de esas vueltas imprevisibles tan suyas y ahora el trono que antes estaba disputado por Aguilera y Spears ha quedado rendido a los pies de la Gaga.
