En su momento, Rage Against the Machine se convirtieron en el rabioso grito de toda una generación de personas inconformistas y dispuestas a hacerse oír por sus ideales políticos. Lejos de ser una pose, la banda ha demostrado su sincera adhesión a esta forma de entender la música durante los años posteriores a su ruptura, hasta llegar a nuestros días.
El mismo hecho de que, tras reunirse para su segunda etapa, hayan declinado las jugosas ofertas que les habrán llegado para grabar nuevos álbumes demuestra esa idea de que, para ellos, la música no es sólo amasar dinero. Y alguno podría decirme ahora que, quizás, no quieran grabar material nuevo porque no se encuentran tan inspirados como en sus años jóvenes.
Pero proyectos como Street Sweeper, The Nightwatchman o este que ahora nos atañe, One Day As A Lion nos muestran que lo de componer no se les ha olvidado ni a De la Rocha ni a Morello. Y no sólo eso, también nos permiten comprobar que son capaces de explorar nuevas vías de sonido sin perder la esencia de Rage Against the Machine.






