
Interpol, toma 4. Interpol vuelve a Matador tras un paseo tan insustancial como olvidadizo por la multinacional Capitol donde firmaron el peor trabajo de su carrera, Our Love to Admire (2007). Vuelta a la casa donde gestaron un debut magnífico, Turn on the Bright Lights (2002), cuyo listón fueron bajando a medida que los años y las referencias pasaban y al que Sam Fogarino, batería de la banda, anunciaba que volverían con este nuevo disco.
La esperanza y latiguillo promocional fácil de “los neoyorquinos han vuelto a sus orígenes” es mentira. El aburrimiento es lo único que han logrado plasmar bien en doce canciones (con las dos extras en iTunes y Japón) que para mala suerte de quien lo escucha llegan a los casi 46 minutos de duración en total. Casi una hora pensando cómo un grupo que apuntaba tan alto puede haberse quedado en un plano medio sin aportar nada más que una fórmula ya manida.



