
Para haberse mantenido en la senda del triunfo, a la que llegaron vía Transatlanticism, la lógica decía que Death Cab For Cutie deberían haber optado por su cara más pop, la que brillaba, por ejemplo, en ‘The Sound Of Settling’. Claro que luego estaba la opción que escogieron R.E.M. tras Out of Time: encerrarse en sí mismos y entregar un disco de madurez que no fuese sencillo a la primera escucha.
Plans es exactamente eso: un disco tan adulto que casi todas las canciones se construyen sobre piano en vez de con guitarras. Uno en el que, para sonar en radiofórmulas, además de quitar la electricidad (como lo hace) debería tener ganchos. Pero Death Cab For Cutie se encerraron en una bola de melancolía (curioso, cuando The Postal Service también habían ido por otro lado) para dar con un disco complicado de digerir en tiempos en que los indies pedían echarse de nuevo a la pista de baile (y no llorar las penas).
