
Si la envidia matase, como dice el refrán, servidor, ya tendría que recogerse en vida, porque al leer la noticia que ahora nos ocupa, como coleccionista y como melómano, el sentimiento de envidia por no llegar ni a una ínfima parte de esa colección, fue lo primero que apareció.
El hombre en cuestión es un estadounidense (para no variar) que empezó a los 12 años a comprar discos, y ahora tiene tres millones de álbums en su colección privada, todos ordenados alfabéticamente y catalogados en una base de datos propia. Vamos, por si no fuera poco tener semejante colección, también está catalogada minuciosamente, tanto, que Paul Mawhinney, el protagonista de la historia, asegura no haber perdido nunca un sólo disco.
La colección se compone tanto de vinilos como de discos y la tiene guardada en su propio almacen de Pittsburgh, Pensilvania. Durante 40 años se dedicó a llevar la tienda de discos RecordRama, cerrada en febrero de este año y por culpa de la situación económica la acaba de poner a la venta por 3 millones de dólares, cuando está valorada en nada menos que 50 millones de dólares.
