Tal y como está planteada la estructura de la industria musical de este país no es de extrañar que haya un grandísimo número de grupos que se planteen su historia no como una carrera de velocidad sino como una carrera de fondo.
Porque no nos olvidemos esto no es ni Estados Unidos, ni Inglaterra ni siquiera Francia o Alemania, donde sí hay circuito de salas donde poder mostrar tu propuesta y una radios independientes apoyando a las bandas. Aquí todo se resume a sacar un disco, hacer un poco de promoción y tocar en directo lo que puedas o, mejor dicho, lo que te dejen.
Y uno se puede dar con el canto en los dientes de haber conseguido un sello que te edite un disco y te consiga promoción en ciertas revistas y como telonero de algún artista internacional. El caso de Bubblegum es de libro, un ejemplo de cómo se funciona en el mundo independiente estatal y no sé si referente para otras formaciones que empiezan.
