
El de AC/DC en San Mamés era el concierto más esperado en Bilbao de todos los tiempos. Un sueño que muchos veían casi imposible tras el paso de los australianos por el BEC el año pasado, cuando miles de fans se quedaron fuera a cambio de demasiados invitados para los que no iba su vida en aquel concierto.
Pero esta vez sí. Abuelos, padres e hijos, tres generaciones unidas por cinco tíos que no han inventado el Rock pero han sabido difundirlo durante las últimas cuatro décadas como ninguna otra banda en el planeta. Yo he tenido la enorme suerte de asistir a ambos conciertos, en el BEC en pista y en las primeras filas, esta vez en grada bastante más lejos del escenario y sin embargo todo fue más intenso. Pensé que ambas crónicas serían idénticas, pero me olvidé de esas 40.000 personas totalmente entregadas durante sólo dos horas de sus vidas que no olvidarán jamás. Ese fue el verdadero espectáculo.

La verdad que no se me ocurre ningún método para distribuir las entradas con el que todos estemos contentos. Me temo que hay más público que quiere acudir a las dos nuevas citas que AC/DC han confirmado en nuestro país que localidades disponibles, a pesar de que tanto San Mamés (Bilbao) como el Estadio Olímpico de la Cartuja (Sevilla) sean dos espacios de gran aforo. Por lo que inevitablemente el que se quede fuera se lamentará de perderse esta última oportunidad.