
Seguro que os ha pasado alguna vez: leéis el nombre de un grupo por ahí, y os llama tanto la atención por lo esperpéntico que suena, que os decidís a escucharlo sin tener ni idea de qué tipo de música puede crear. Y algunas veces, por suerte no muchas, resulta que con ello descubres a una banda que termina encantándote, que se mete a codazos en tu día a día y no deja espacio para que escuches otra cosa. Y eso es lo que me ha pasado a mí con El Perro del Mar.
Pero antes de seguir, contextualicemos un poco. A pesar de su nombre, El Perro del Mar no es una banda española, o de cualquier otro país hispanohablante, sino sueca. Y para ser más preciso aún, no se trata de una banda, sino de un proyecto en solitario de la cantante Sarah Assbring, quien escribe y pone su sedosa voz a canciones de pop minimalistas, con letras de una alta carga emotiva y una fuerte esencia lo-fi que lo impregna todo.
