Chris Cornell - Scream: el Rod Stewart del urban-grunge

Premisa 1: Todo músico tiene el derecho a reinventarse, como quería hacer hecho Chris Cornell. Premisa 2: el público tiene la potestad de no comulgar con ruedas de molino que traten de vender un quiero-y-no-puedo como lo más, simplemente por el hecho de ser “diferente a lo anterior”. Primera conclusión con esas dos premisas en la mano: Scream es un fiasco.
Cornell ha sentido la necesidad de situarse lo más lejos posible de su pasado. Para ello se ha agenciado a Timbaland, reputado productor Urban (o R&B, si queréis llamarlo así), con la esperanza de reconvertirse y asaltar las listas de éxitos. El problema está en que, más allá del sonido, a Cornell se le ha olvidado algo fundamental: hacer canciones que mereciesen la pena.